Beber agua es fundamental para nuestra salud, y más en verano cuando debemos vigilar nuestro nivel de hidratación. Por ello, comprar agua cuando estamos fuera de casa se convierte en algo habitual y en verano el consumo de agua embotellada se dispara. Pero ¿es mejor el agua embotellada que la del grifo?

Agua embotellada

El agua embotellada es el resultado de un proceso natural que comienza cuando el agua procedente de la lluvia, la nieve y el deshielo se filtra lentamente hasta el interior de la tierra. A través del suelo, el agua viaja hasta manantiales subterráneos, captando diversos minerales en el camino.

En el subsuelo, el agua se mantiene protegida de la contaminación. Según los minerales que se hayan disuelto en ella, la temperatura de la zona, la profundidad del manantial y el tiempo que permanezca en él, el agua tendrá diferente sabor y composición. Por eso, el manantial de origen es importante para conocer las características y propiedades del agua que bebemos.

Con el envasado, si se realiza a pie de manantial, el agua mantiene intactas sus propiedades y su pureza, por lo que no es necesario ningún proceso de filtrado o depuración para su consumo.

Ventajas y desventajas

El grado de mineralización del agua embotellada depende de su origen. El contenido en minerales supone en principio una ventaja, aunque no en todos los casos.

El agua embotellada de mineralización débil ayuda a eliminar toxinas y tiene efectos diuréticos y depurativos. Por tanto, es una ventaja si necesitamos evitar la retención de líquidos y seguir una dieta de adelgazamiento.

El agua embotellada con mayores cantidades de calcio (agua dura) es recomendable para niños que están creciendo y personas mayores, pues ayuda a la formación y mantenimiento de huesos y articulaciones. En cambio, puede ser un problema para personas con hipertensión, que requieren una dieta baja en sodio. Tampoco es aconsejable para personas con problemas renales, pues beber habitualmente este tipo de agua exige un mayor esfuerzo a los riñones. La OMS recomienda a personas con tendencia a los cálculos evitar las aguas duras.

El problema del envase

La principal crítica al agua embotellada es, precisamente, el envase utilizado.

El agua embotellada a temperatura ambiente capta antimonio del plástico del envase (en niveles bajos y no peligrosos). El antimonio es un metal que, en cantidades elevadas, puede alterar la fertilidad; incluso puede resultar letal en dosis muy altas. Aunque para llegar a este punto se deben consumir grandes cantidades de agua embotellada debemos tener en cuenta que el antimonio procedente del agua embotellada se acumula al procedente del asfalto caliente y la polución urbana.

Más preocupante es la presencia de bisfenol, un compuesto utilizado para endurecer el plástico. Algunos estudios señalan que el bisfenol, con el tiempo, puede pasar al agua contenida en la botella y a nuestro organismo, influyendo en la aparición de enfermedades relacionadas con el sistema nervioso o con alteraciones del tiroides.

Aparte queda el hecho de la enorme cantidad de envases que se produce con el consumo de agua embotellada.

Sin embargo, según la revista Mujer Hoy  el sector del agua embotellada es impulsor de una correcta gestión ambiental, colaborando estrechamente con ECOEMBES; ha logrado reducir el peso de sus envases en un 40%, siendo los más ligeros del mercado y ha sido el primero en diseñar envases comprimibles para que ocupen menos en el contenedor amarillo.

El precio

Esta es otra cuestión a considerar. Mientras que un litro de agua embotellada cuesta de media 0,22 euros, la del grifo nos sale por 0,002€ el litro. Es decir: con los 2€ que nos cuestan aproximadamente 1000 litros de agua del grifo, podemos comprar, según la marca, 10 litros de agua embotellada. Es una diferencia considerable.

El agua del grifo

El bajo precio del agua del grifo es una gran ventaja, pero tiene una contrapartida poco saludable. Según la Asociación Española de Abastecimiento de Agua y Saneamiento (AEAS), algunas infraestructuras de transporte y potabilización no se renuevan desde los años ochenta del siglo pasado.

El desgaste de las canalizaciones por corrosión y fugas puede dar lugar a la proliferación de microbios potencialmente patógenos en la red de agua potable doméstica. Para hacernos una idea de la magnitud de este problema, según datos del INE (enlace), en el año 2000 se perdió de media en España un 21% de agua por fugas debidas al mal estado de la red de distribución, habiendo ciudades que llegaron al 40%.

Agua del grifo vs agua embotellada

A favor

Salvo en zonas donde no se recomienda su consumo, en España no hay diferencias apreciables entre el agua del grifo y el agua embotellada. De hecho, algunas aguas procedentes de manantiales no aptos para el consumo son sometidas a un tratamiento potabilizador antes de su embotellado, cuya denominación se detalla en la etiqueta. Son las aguas potables preparadas.

Por otro lado, algunos expertos dudan de la calidad de algunos manantiales, pues pueden estar muy contaminados por microorganismos procedentes de actividades ganaderas o fauna salvaje, o por filtraciones de químicos procedentes de abonado de los campos.

En cuanto a la ecología, el agua del grifo gana por goleada.

  • Para empezar, por el ahorro en el embotellado. Por muy reciclables que sean los envases, nos ahorramos el coste de este reciclaje. Además muchos envases no van a los contenedores adecuados, por lo que no pueden ser reciclados adecuadamente.
  • Se ahorran los costes de extracción del agua de los manantiales subterráneos y el transporte a los puntos de venta.
  • Por último, evitamos la ingesta de los contaminantes procedentes de la botella (antimonio, bisfenol A y otros contaminantes).

Foto: Wikimedia Commons

En contra

El agua embotellada se desinfecta por filtrado, por lo que no sabe a cloro. Pero el cloro no solo es un problema de sabor.

El agua del grifo puede presentar criptosporidios (bacterias resistentes al cloro) u otros patógenos que afectarían a personas con bajas defensas incluso en concentraciones muy bajas. Esta contaminación puede aparecer en zonas en las que las infraestructuras de abastecimiento llevan tiempo sin renovarse, aunque las planta potabilizadoras funcionen correctamente.

La solución pasa por aumentar la cantidad de desinfectante en el proceso de potabilización, lo que hará que el agua del grifo nos llegue con peor sabor y que pueda provocarnos síntomas como acidez de estómago. En el agua embotellada, la probabilidad de contaminación por estas bacterias es mucho menor.